Para reflexionar y ser consciente de mi rol social…

Estamos en medio de un escenario impensado hace un par de semanas en nuestro país. Mirábamos desde la lejanía lo que ocurría en países como China o Italia con el COVID-19, sorprendiéndonos quizás por el nivel de contagio de este virus, por lo nocivo del mismo en cierto grupo etáreo de personas, por la cantidad de muertes que ha provocado. Pero hoy el COVID-19 se encuentra en Chile, por lo que niños y niñas, adultos y mayores, debemos seguir rigurosamente las medidas que se nos ha señalado desde la autoridad para aminorar el impacto de esta pandemia: limpieza de manos y utensilios, mantenernos en nuestros hogares, distanciamiento social, entre otras. Lo anterior implica que la única forma de contrarrestar los efectos de este virus es que cada uno y cada una responsablemente contribuya con sus acciones a proteger a los demás, no sólo a quienes forman parte de su círculo más cercano sino también a la sociedad en su conjunto, lo que representa un gran desafío. Hoy tenemos la hermosa oportunidad de ser comunidad, siendo conscientes de la necesidad de protección de la salud, como bien común fundamental.

Les invitamos entonces a reflexionar en torno a la importancia de la Responsabilidad Social y el valor de la Comunidad a través de un cuento y algunas preguntas.

Un científico que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.

Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objeto de distraer su atención.

De repente, se encontró con una revista en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.

Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.

Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

“¡Papá, papá, ya hice todo, conseguí  terminarlo!”

Al principio, el padre no creyó en el  niño.

Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.

Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

Para su sorpresa, el mapa estaba completo.

Todos los pedazos  habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo:

“Hijo, tú no sabías como  era el mundo, ¿cómo lo lograste?”

“Papá -respondió el niño- yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el  mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era”.

“Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”

(“Arreglar el mundo”, Gabriel García Márquez)

 

Habitualmente, se cree que los cuentos son sólo para niños y niñas, que se leen de preferencia para hacerlos dormir. Pues bien, nosotros creemos que los cuentos son para  niños y niñas pero también para adolescentes y adultos, que nos invitan a reflexionar sobre diversos temas, sobre todo en aquellos donde los valores entran en juego para dirigir nuestras acciones. Es por ello que les proponemos este cuento para  meditar a nivel personal y en familia:

 

¿Cuál es el mensaje central del cuento?

¿Hay otros mensajes que también pueden identificar?

¿Cómo relacionar el mensaje central del cuento con el comportamiento de los chilenos frente a la pandemia del COVID-19?

¿Cuánto buscamos como sociedad el bienestar del ser humano privilegiándolo por sobre el progreso?

¿Cuánto en nuestras acciones como integrantes de la familia han estado dirigidas a “arreglar al mundo” en función de lo que estamos viviendo?

¿Cómo podríamos ser más empáticos, cuidadosos y comprometidos socialmente con los demás?

¿Cómo debería ser el mundo que armaríamos una vez concluida esta pandemia? ¿Cuál sería nuestro aporte?

Por último…. ¿Saben lo que es el arte del Kintsugi? Si no lo saben, averígüenlo…. ¿Qué nos puede enseñar en relación a lo que estamos viviendo a causa del COVID-19?

 

El mundo cambia con nuestras acciones. Como dice el cuento, somos nosotros los llamados a generar cambios en nuestras actitudes y en nuestro proceder, con nosotros mismos, con nuestra familia, con nuestro colegio, con nuestra comunidad, para cambiar el mundo y comenzar a reescribir la historia. Y esto no es “sólo” entre quienes conocemos y mantenemos un vínculo afectivo, sino también con quienes no conocemos ni mantenemos una relación estrecha. De esta manera somos RESPONSABLES SOCIALMENTE, desarrollando un comportamiento ético con nuestro entorno ambiental y con la sociedad en su conjunto, cuidando que nuestro actuar no afecte negativamente a los demás, que no los dañe o los desproteja.

 

Unidad Psicoeducativa

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